sábado, 28 de abril de 2018

El tiempo es irrelevante cuando nuestras miradas se cruzan en 2018 como si fuera 2011.
Hay personas que en realidad nunca estuvieron pero nunca se van.
Pareciera que desde la última vez que intercambiamos una palabra, una mirada ávida, algo, hubiesen pasado décadas enteras.
La distancia siempre ha sido descomunal. Hasta cuando más cerca estábamos.
Se habla de los amores platónicos como aquellos que nunca llegan a ningún sitio y sin embargo nunca desparecen. De alguna manera la forma en que mis ojos te buscaban desesperadamente deja una huella en el alma que permanece contra viento y marea. No es amor, no del amor que se habla como el amor verdadero, o el amor 'racional'.
Tú siempre fuiste la parte irracional, te busqué incansablemente pero siempre parecías demasiado lejano.
A pesar de que el amor racional es el que llega para quedarse, con suerte y verdad, para siempre, el amor platónico o no amor, permanece sin hacer daño alguno en un rincón olvidado, donde las telarañas, el polvo y la tierra yerma se apoderan de los recuerdos. Pueden pasar meses sin que esa parte olvidada aparezca pero ni por un solo instante, y se aletarga tan pronto desapareces de mi mirada esquiva.
Te miro sin mirarte de verdad, porque ni me atrevo a pasar por tu lado y articular palabra, y se apodera de mi una ternura y una sensación cálida, que es suficiente para imaginar un abrazo de antes de 2011. Entonces tenía la sensación de que el abrazo era a lo único que podía aspirar mi alma, sin embargo cuando más lejos estoy ti, y más cerca del amor racional, es cuando me invade una mezcla de sentimientos y recuerdos que no sé cómo interpretar, porque tus ojos azules me miran distinto a 2011, pareciera que con los años me has abrazo más que entonces.
No te amo. Tampoco sé si te amé aunque deseé mil millones de veces que tu mirada cristalina se cruzara con la mía y me dijera desesperadamente algo, que me abrazase a alguna esperanza. Y la vida habría sido tan distinta, el camino habría estado tan lejos, que ni siquiera sé si ahora me reconocería.
Tampoco sé si habría sido más o menos feliz, pero sé que no fue, y aunque estemos lejos en el tiempo, mirarte cuando apareces, en ese tiempo que es irrelevante, ver tu mirada oceánica, que me parece entristecida, siempre será bienvenida a la parte irracional.

domingo, 10 de enero de 2016

Miedo

¿Qué hace la gente cuando tiene miedo? Cuando tengo miedo no sé si hago lo que hacen los demás. Antes tenía mucho miedo, porque antes era muchas cosas, antes en realidad no era. El miedo lo era por mi. Era eso entonces, era miedo.
Es raro mirarse al espejo y no reconocerse. ¿Esa soy yo? ¿Esa era yo?
Me sentaba muchas veces al borde del abismo, pasaba frío. A mi donde me gustaba estar era en la oscuridad, mis compañeras favoritas en las hojas caídas del otoño más crudo. Es como una manta de tristeza que da un calor extraño y que nadie sabe de dónde sale.
Antes era miedo, ahora también pero ¿Cómo se llama este miedo? Otro nombre quizá. El miedo nunca se va, cambia de forma, cambia y cambia con nosotros.
-2016

domingo, 10 de mayo de 2015

Tengo la sensación de estar apagándome. De estar alejándome de mi misma.
Espera, ¿quién soy? A veces tampoco lo sé. No sé que tierra estoy pisando, no sé dónde va el sendero.
No sé nada. Nada.

jueves, 16 de abril de 2015

La inspiración a veces brota de una fotografía, en blanco y negro, del silencio.
He perdido la puta capacidad de vomitar. Ya no expulso nada. Ya no.
He dejado de leer, he dejado de inspirarme, me he dejado. Mis tripas se han escurrido precipicio abajo. A dónde van las almas de los precipicios. Y los precipicios, a donde desembocan. El vacío de dónde viene y cuánta es su expansión.
Yo también pienso mucho en la muerte y también me pregunto si estaré enferma. Me pregunto muchas cosas, nadie responde. Hay un fondo negro detrás, pero nunca puedo verlo, las preguntas difuminadas se contorsionan con las respuestas vacío abajo. Al final no hay respuestas.
Ni preguntas.
Y las cosas que se pierden a dónde van, se van con las almas que caen a los precipicios. Pues tal vez. Quizá. No.
Las almas que van al vacío siempre van llenas. Irónico. Raro. Raro.
El fluir de la conciencia, o de la subconsciencia, o de qué. Solo fluye, déjalo fluir, déjalo salir. Lleva demasiado tiempo escondido no te das cuenta. No, no estaba escondido, estaba dormido. Si, dormido.
Llevamos mucho tiempo durmiendo, qué pasa con las almas que duermen tanto, se duermen para siempre. No, están en coma, y en el letargo se entrelazan y viajan en el tiempo, de aquí para allá, hacia ningún lugar, en todos sitios y en ninguno.
Y la inspiración cuando muere a dónde va. No, la inspiración nunca se muere, se aletarga, se encoge, se enrolla en un capullo, espera volver a florecer.
Cuándo.
Quizá.

miércoles, 13 de agosto de 2014

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Me habría enamorado de ti tantas veces como versos hubieran escrito tus ojos en mi dirección.
Los ojos más brillantes que habré visto jamás. Escribiría poesía sobre ellos sino fuera porque ellos la inventaron.
Habría acabado con tantos pergaminos emborronados de tinta como me hubieran permitido los poros de tu piel. Y habría soñado con haberlos seguido con la punta de mis dedos hasta haber creído que tocaba las mismas estrellas que acunan a la luna cada noche.

Llené la pluma de tinta, que ojalá hubiera sido infinita. Porque no hay tinta suficiente en la tierra que abasteciese mi pluma si de ella dependieran mis pensamientos para describirte. Mis dedos, posados en las caderas de la estilográfica, eran pura poesía en movimiento.
Los días se me llenaban de lunas que entonces no eran más que días de noche y noches de negrura sin fin.
Eres la poesía cantándole al viento.
Eres justo lo que jamás tendrá definición.
Y en tu definición mismamente habré de perderme tantas veces...

lunes, 3 de marzo de 2014

La introspección llevada al extremo o al comienzo más primitivo.

Ojalá deje de verme reflejada en el cristal que custodia las agujas de cada reloj despistado que se tropieza con mi mirada.
Ojalá entendiese más y me preguntase menos.
Aquello, aquellas cosas, que es lo más sencillo, me parece un mundo abstracto en el que mis dedos se desdibujan a cada intento de penetrarlo.

Ojalá el plato de lentejas estuviera más vacío y mi mente más llena. Que el peso de cada cucharada fuese directo a los kilos que le faltan a mi materia gris y no a los puntos ciegos de mis debilidades.

A veces ajena, a veces enajenada, a veces.
Y la música ajena y el humo del cigarro y las calles infinitas.
Me retroalimento de elementos de los que se enamoran mis pupilas pero cuya imagen no se transfiere a la razón.

Ver, amar, y no entender nada.

Querer serlo todo y no ser nada. Hablar y expulsar silencio, mientras que el espejo dice "no te veo".
El espejo que dice "veo hasta lo que tú no ves" espera entre las sábanas, se traga las lágrimas que no son más que el espejo subjetivo de la propia mente.
El espejo de las sábanas dice que en la nocturnidad y la nada de los sueños está el 'YO' que la luz del día no te revelaría jamás.

domingo, 19 de enero de 2014

El vidrio pétreo en los ojos. La opacidad.
Los cristales cuando se resquebrajan.
El dolor.

Los arañazos invisibles en tu espalda,
mis uñas inertes, libres.
Las lágrimas secas.

La punta de tu nariz y el hielo,
la fiebre en mi boca.
La vida.

Los ojos fríos del mar,
la infinidad de los instantes clavados en el alma.
La belleza.

Los pájaros ávidos de primavera,
el calor aun sin gestar.
El vuelo inacabado.

Mis huellas dactilares en la comisura de tus labios,
la vergüenza tibia de tus costillas,
tus nervios latiendo en el lóbulo de mi oreja.
El ardor de tu piel.

La oscuridad de tus pupilas,
tus pestañas sin fin,
la profundidad de tu sonrisa.
La felicidad.

viernes, 3 de enero de 2014

Frío.

Un invierno dura lo mismo que dura el hielo en las entrañas. Un invierno demasiado largo. Invierno, invierno otra vez. La última vez que se secaron las primeras hojas de otoño el invierno había durado lo de siempre. Las mismas penas y las mismas lágrimas hechas nieve y derretidas al sol de la primavera. Igual que siempre.
Siempre no es igual y siempre no es lo mismo nunca.
Habría jurado que nunca había pasado tanto tiempo en el hielo. Duro, límpido, de belleza perfecta e inacabable. Puro y duro como el acero, cortante y castigador.
365 días repartidos en estaciones, frío, calor, calma y tempestad. El año infinito, de invierno alargado y sombrío. Increíblemente largo.
El más largo de la historia.
Las arenas más lentas jamás caídas en un reloj.
El tiempo hecho agujas de soledad y de perpetuidad.
Se nos olvidó que había un sol, que había algo más, se nos olvidó casi todo.
Los recuerdos, los pensamientos, lo que sentíamos. Caía en copos de nieve todos los días que se adhería al suelo y que pisábamos constantemente. Hemos pisado las lágrimas de cristal cuyos filos destruían nuestros pies y todo aquello que hemos amado y que andábamos pisando de manera imperceptible.
Hemos destruido y nos han destruido. El hielo nos ha quemado y con él lo hemos quemado todo.
A veces parece que nunca se acaba, a veces parece que hace calor.

viernes, 25 de enero de 2013

Further inside.


As a hole, further inside.

When he goes the earth absconds
and sun turns black in hindsight,
clouds come from the great beyond,
from the most starless and coldest night.

When he disappears the sky expires,
the last breathe is taken
by my deepest extinguished fire.

Further inside.

Out of the blue, leaving my mind to its fate,
digging in pain, breaking the thin glass,
something that was asleep now it is awake
opening daintily its eyes which are afraid.

And further inside his absence brights,
his figure is blurry and blind,
his words are bearing in my mind.

So far as I know, he is not so far,
but every second weighs,
it weighs more than the previous one,
leaving me in a sad haze.

lunes, 10 de diciembre de 2012