domingo, 10 de mayo de 2015

Tengo la sensación de estar apagándome. De estar alejándome de mi misma.
Espera, ¿quién soy? A veces tampoco lo sé. No sé que tierra estoy pisando, no sé dónde va el sendero.
No sé nada. Nada.

jueves, 16 de abril de 2015

La inspiración a veces brota de una fotografía, en blanco y negro, del silencio.
He perdido la puta capacidad de vomitar. Ya no expulso nada. Ya no.
He dejado de leer, he dejado de inspirarme, me he dejado. Mis tripas se han escurrido precipicio abajo. A dónde van las almas de los precipicios. Y los precipicios, a donde desembocan. El vacío de dónde viene y cuánta es su expansión.
Yo también pienso mucho en la muerte y también me pregunto si estaré enferma. Me pregunto muchas cosas, nadie responde. Hay un fondo negro detrás, pero nunca puedo verlo, las preguntas difuminadas se contorsionan con las respuestas vacío abajo. Al final no hay respuestas.
Ni preguntas.
Y las cosas que se pierden a dónde van, se van con las almas que caen a los precipicios. Pues tal vez. Quizá. No.
Las almas que van al vacío siempre van llenas. Irónico. Raro. Raro.
El fluir de la conciencia, o de la subconsciencia, o de qué. Solo fluye, déjalo fluir, déjalo salir. Lleva demasiado tiempo escondido no te das cuenta. No, no estaba escondido, estaba dormido. Si, dormido.
Llevamos mucho tiempo durmiendo, qué pasa con las almas que duermen tanto, se duermen para siempre. No, están en coma, y en el letargo se entrelazan y viajan en el tiempo, de aquí para allá, hacia ningún lugar, en todos sitios y en ninguno.
Y la inspiración cuando muere a dónde va. No, la inspiración nunca se muere, se aletarga, se encoge, se enrolla en un capullo, espera volver a florecer.
Cuándo.
Quizá.

miércoles, 13 de agosto de 2014

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Me habría enamorado de ti tantas veces como versos hubieran escrito tus ojos en mi dirección.
Los ojos más brillantes que habré visto jamás. Escribiría poesía sobre ellos sino fuera porque ellos la inventaron.
Habría acabado con tantos pergaminos emborronados de tinta como me hubieran permitido los poros de tu piel. Y habría soñado con haberlos seguido con la punta de mis dedos hasta haber creído que tocaba las mismas estrellas que acunan a la luna cada noche.

Llené la pluma de tinta, que ojalá hubiera sido infinita. Porque no hay tinta suficiente en la tierra que abasteciese mi pluma si de ella dependieran mis pensamientos para describirte. Mis dedos, posados en las caderas de la estilográfica, eran pura poesía en movimiento.
Los días se me llenaban de lunas que entonces no eran más que días de noche y noches de negrura sin fin.
Eres la poesía cantándole al viento.
Eres justo lo que jamás tendrá definición.
Y en tu definición mismamente habré de perderme tantas veces...

lunes, 3 de marzo de 2014

La introspección llevada al extremo o al comienzo más primitivo.

Ojalá deje de verme reflejada en el cristal que custodia las agujas de cada reloj despistado que se tropieza con mi mirada.
Ojalá entendiese más y me preguntase menos.
Aquello, aquellas cosas, que es lo más sencillo, me parece un mundo abstracto en el que mis dedos se desdibujan a cada intento de penetrarlo.

Ojalá el plato de lentejas estuviera más vacío y mi mente más llena. Que el peso de cada cucharada fuese directo a los kilos que le faltan a mi materia gris y no a los puntos ciegos de mis debilidades.

A veces ajena, a veces enajenada, a veces.
Y la música ajena y el humo del cigarro y las calles infinitas.
Me retroalimento de elementos de los que se enamoran mis pupilas pero cuya imagen no se transfiere a la razón.

Ver, amar, y no entender nada.

Querer serlo todo y no ser nada. Hablar y expulsar silencio, mientras que el espejo dice "no te veo".
El espejo que dice "veo hasta lo que tú no ves" espera entre las sábanas, se traga las lágrimas que no son más que el espejo subjetivo de la propia mente.
El espejo de las sábanas dice que en la nocturnidad y la nada de los sueños está el 'YO' que la luz del día no te revelaría jamás.

domingo, 19 de enero de 2014

El vidrio pétreo en los ojos. La opacidad.
Los cristales cuando se resquebrajan.
El dolor.

Los arañazos invisibles en tu espalda,
mis uñas inertes, libres.
Las lágrimas secas.

La punta de tu nariz y el hielo,
la fiebre en mi boca.
La vida.

Los ojos fríos del mar,
la infinidad de los instantes clavados en el alma.
La belleza.

Los pájaros ávidos de primavera,
el calor aun sin gestar.
El vuelo inacabado.

Mis huellas dactilares en la comisura de tus labios,
la vergüenza tibia de tus costillas,
tus nervios latiendo en el lóbulo de mi oreja.
El ardor de tu piel.

La oscuridad de tus pupilas,
tus pestañas sin fin,
la profundidad de tu sonrisa.
La felicidad.

viernes, 3 de enero de 2014

Frío.

Un invierno dura lo mismo que dura el hielo en las entrañas. Un invierno demasiado largo. Invierno, invierno otra vez. La última vez que se secaron las primeras hojas de otoño el invierno había durado lo de siempre. Las mismas penas y las mismas lágrimas hechas nieve y derretidas al sol de la primavera. Igual que siempre.
Siempre no es igual y siempre no es lo mismo nunca.
Habría jurado que nunca había pasado tanto tiempo en el hielo. Duro, límpido, de belleza perfecta e inacabable. Puro y duro como el acero, cortante y castigador.
365 días repartidos en estaciones, frío, calor, calma y tempestad. El año infinito, de invierno alargado y sombrío. Increíblemente largo.
El más largo de la historia.
Las arenas más lentas jamás caídas en un reloj.
El tiempo hecho agujas de soledad y de perpetuidad.
Se nos olvidó que había un sol, que había algo más, se nos olvidó casi todo.
Los recuerdos, los pensamientos, lo que sentíamos. Caía en copos de nieve todos los días que se adhería al suelo y que pisábamos constantemente. Hemos pisado las lágrimas de cristal cuyos filos destruían nuestros pies y todo aquello que hemos amado y que andábamos pisando de manera imperceptible.
Hemos destruido y nos han destruido. El hielo nos ha quemado y con él lo hemos quemado todo.
A veces parece que nunca se acaba, a veces parece que hace calor.

viernes, 25 de enero de 2013

Further inside.


As a hole, further inside.

When he goes the earth absconds
and sun turns black in hindsight,
clouds come from the great beyond,
from the most starless and coldest night.

When he disappears the sky expires,
the last breathe is taken
by my deepest extinguished fire.

Further inside.

Out of the blue, leaving my mind to its fate,
digging in pain, breaking the thin glass,
something that was asleep now it is awake
opening daintily its eyes which are afraid.

And further inside his absence brights,
his figure is blurry and blind,
his words are bearing in my mind.

So far as I know, he is not so far,
but every second weighs,
it weighs more than the previous one,
leaving me in a sad haze.

lunes, 10 de diciembre de 2012

jueves, 11 de octubre de 2012

Almost always. Always.

A veces las primeras líneas son más complicadas.
Estrechas, ajenas, robadas.
Las primeras y las últimas. Las imposibles.
Las líneas. El límite.
La complejidad de lo ausente, lo desolador.

A veces también, vivir es morir.
Es colarse entre los segundos apagados.
Deslizarse entre dedos de arena.
Entre minutos ahogados.

A veces.


A veces, se esconden mis deseos,

brillantes de polvo y nostalgia.
Se escabullen en mis entrañas.
Huyen. Solo como se puede
intentar salir de entre cuatro paredes.

A veces, el fuego con el que juegan

las intenciones también se apaga.
La cera que se desprende, también se seca.
Y ni polvo, ni cenizas, ni devastación.

El vacío del polvo extraño que se aleja con la respiración descompasada.


A veces, y en realidad siempre.

Siempre que no estás.

martes, 31 de julio de 2012


De alguna manera, esto que tanto se me junta
entre pecho y espalda
no sé si tiene razón o locura.
Me quedo ciega entre flashes
de nostalgia y de entre estos mares
de memorias resurgen
historias del pasado que nunca mueren.

Y no es la pena ni la nostalgia gris
del invierno que añoro.
El verano se lo lleva todo, 
la tristeza del verano es inerte.
Y mi querido invierno todo me trae,
la tristeza del invierno está viva.

Ansío el helor en los huesos,
la vida.
Los rincones vacíos
y las veredas desiertas,
las mariposas ausentes
y la caja llena de polvo.

Mis veneradas mariposas, 
las de hielo y cenizas
las de la caja de las incertidumbres,
las dudas.
El polvo inhabitado
de lo dulce de la tristeza
y lo amargo de la felicidad incompleta.


El verano es seco y desmemoriado
y la música fría ventisca del pasado.


Todos los días se cierran frentes
y se abren brechas.
Se cierran y se abren,
todos los días y todas las noches.