domingo, 28 de junio de 2009

No hay nadie como tú

Te busco entre la gente. Noche cálida. Alcohol seco. Embriaguez tímida.

Entre algún pino distraído. Oscuridad tenue y discontinua.

No apareció, sin embargo, la confusión se apoderó de cada rincón de mi subconsciente. Alteraba mis sentidos. En busca de alguna explicación a ello. Anduve y anduve. Primero te olvido. Me desmereces. Te recuerdo. Y vuelvo a caer en un inciso. Intenté hacer sustitución del amor. Refugiarme en otras palabras. En otras sensaciones.

Una mirada. Como un faro. Alumbra cualquier duda. Lo barres como cual colilla que un día estuvo encendida. El humo se desvaneció, para dejar paso a la tormenta. Lluvia desenfrenada que de algún modo siempre estuvo ahí. Seguía lloviendo. Creí que dejó de llover haciéndome ver bajo un paraguas. Alguien diferente. Pero nunca como tú.

La inundación es próxima. Estoy emergida y calada hasta los huesos. Un misterio sin retorno. Un amor invisible. Un dolor transparente. Un secreto en mis manos. Oculta, oculta entre la gente, entre árboles, entre sueños y viejas canciones de ayer.

No veo el momento en que estés y no estés. Sueñe. No sueñe. Tú. La distancia albergó dudas. Fáciles. Cómodas. Inútiles. Al fin y al cabo, siempre estás ahí. Y no dejo de verte en cada esquina. En cada rincón. Él. No eras tú. Insustituible. Inigualable. Pero no importa. Te olvidé. No. Te quise cambiar. Lo intentó, lo intenté, y sin embargo sabía que tus inocentes ojos me llamarían al arrepentimiento. Porque él no eras tú. Y tú no eres él. Y yo. ¿Yo quién soy? Desde el principio de un curso y el final de un verano. ¿Qué había en tu mirada? ¿Porqué sucumbí al error? Y tenías algo. Que tienes. Que he intentado no recordar. Y cambiar. Y olvidar. Y borrar. Y no mirar. Pero tu recuerdo me persigue hasta cuando huyo de él. Pero, ¿tú que sabes? Nada. No sabes nada. Palabras al vacío. Un silencio. Un silencio abismal. Un amor....un amor que guardé y guardo hasta que se desintegre en las telarañas de mi corazón.

jueves, 25 de junio de 2009

Atrapada letalmente


Aumenta lentamente,
se esparce sin avisar,
invisible como un gas
te atrapa letalmente.

Redondo y ya sobresaliente,
de todos colores,
inadvertido curiosamente,
ajeno a mi propiamente.

También tiene miedo
y sueña con volar,
pero que va a importar
si es tan cálido y ligero.

Surca intemible blancor
por las claras y esponjosas,
se alza sin algún temor,
hoy todo huele a rosas.

Lo pierdo al mirar,
con estupor lloro,
eso tengo por volar
y soñar con algún tesoro.

miércoles, 17 de junio de 2009

Estamos perdidos, por un beso



Comienza un nuevo viaje, esta vez en otra dirección, con otro propósito.

Si me das tus alas volaré tan alto hasta perderme entre las nubes, porque no me importará el peligro, si me las das tú, tendré suficiente valor para enfrentarme a la vida misma, y sentiré tu protección en cada brisa que susurre un adiós.

No tengo prisa, la felicidad no tiene un precio, ni una fecha de caducidad, no me importa esperar.

No tengo miedo a equivocarme, se que existe esa posibilidad, que vuelva a tropezar, por ya enésima vez, pero si mi vida estuviese compuesta de el ayer y el mañana, ¿qué sería de mi hoy?

Hay cosas que carecen de una explicación y otras que van en forma de etiqueta, a veces es difícil verla pero siempre está ahí.
Todas estas esponjosas nubes susurran a mi paso delicado, se sienten extrañadas, no es costumbre que yo planee por aquí, las alas de la felicidad no me han sido concedidas y estoy intentando sostenerme en un vacío no menos luminoso.

Me voy, de momento, todavía es pronto para soñar, y demasiado tarde para escapar. Me hallo aquí y aquí me hallaré, hasta que una eterna gota compuesta por lo nunca visto resbale hasta a mí y me desvele lo que aun ansío que sea desvelado...

sábado, 13 de junio de 2009

Extrañas anotaciones

No pasa nada si no estás aquí, ¿o sí?.

No pasa nada porque a veces mi intuición desaparece en un lánguido vacío en dirección al no-retorno.

Una vez más hice un alto en el camino, y me dispongo a vagar en esta tierra de la que se desprende el fuego a raíz de las profundidades de la madre de la vida.

¿Cómo puedo -a veces- olvidar -en raras ocasiones- que esta tormenta roja y fría me arrebatan los sentidos al paso...?

No sé, es fácil. Es difícil.

Me acerco en un suspiro a la falda de la arena, puntillas de espuma blanca, por si la contrariedad y las continuas disparidades en mi moral suscitan alguna resolución en mi ausencia mental.

Palabrejas subrayadas, grandes, pequeñas, pero siempre acompañadas. Es raro transmitir, y si alguien me entiende, es porque está tan perdido como yo.

No es asidua ésta confusión y caos que rodean mi "YO", es más, no es asiduo que intente decir algo a través de vacías palabras.

Es de noche, noche intensa, sabia y protectora, noche de desgarros y ausencia, noche de te quieros vacíos, noche de cama límpida, sí, cama límpida. Noche reflejada en una triste y desesperada tarde de calor.

lunes, 1 de junio de 2009

Arena y mar


Sigo vagando por estos recónditos callejones que no auguran nada bueno. Cuanto más intento encontra una salida, una luz al final del túnel, la luz de la luna al final de la calle, solo encuentro a mi paso gatos negros y viejas raspas de pescado inundadas en los charcos de la fría soledad de una calle de la gran metrópolis.

Así son mis recuerdos, que cada vez están más desorientados. Se crea una atmósfera gris, pequeñas gotas dispersas en contra de la gravedad. Tropiezo con unas grandes y negras partículas interrogativas que parecen mirarme con malos ojos, con malos puntos.

Mis cabellos se vuelven blancos ante el paso del viento, cada vez más frío, yo, cada vez, más vacía.

Las malas lenguas se enroscan alrededor de mi cuello y no consiguen sino más un pequeño suspiro que me protegía y ahora es pasto de unas sombras rojizas que enturbian aun más la visibilidad de este estúpido callejón.

Hasta que creí ver una luz blanca, no se, si era fruto de mi irrisorio desconcierto o de un ángel que se había comido una gran parte de esas grandes y feas partículas interrogativas.

Tumbada en la arena con vistas al mar, recuerdo tus ojos de mar, tu pelo de arena y tu infinito amor convertido ahora en espuma blanca de sueños atrapados en el mundo de los que ya nos abandonaron.

Y confío, confío en que tu espuma blanca haga de mis recuerdos esa gran sonrisa tan esperada. Porque ya no confío en meras suposiciones, en explicaciones aparentemente ciertas, sólo se que el amor tan grande que desprendiste se quedó aquí en mi corazón y que ahora tus ojos de ángel custodian nuestras vidas y cuidas de nuestros sueños, secas mis lágrimas que dejaron un sabor salado a mi corazón con tu partida y vuelves a endulzar todo lo que tocas, con tus ahora alas de ángel. Mi ángel de ojos de mar y pelo de arena.