miércoles, 13 de agosto de 2014

.

Me habría enamorado de ti tantas veces como versos hubieran escrito tus ojos en mi dirección.
Los ojos más brillantes que habré visto jamás. Escribiría poesía sobre ellos sino fuera porque ellos la inventaron.
Habría acabado con tantos pergaminos emborronados de tinta como me hubieran permitido los poros de tu piel. Y habría soñado con haberlos seguido con la punta de mis dedos hasta haber creído que tocaba las mismas estrellas que acunan a la luna cada noche.

Llené la pluma de tinta, que ojalá hubiera sido infinita. Porque no hay tinta suficiente en la tierra que abasteciese mi pluma si de ella dependieran mis pensamientos para describirte. Mis dedos, posados en las caderas de la estilográfica, eran pura poesía en movimiento.
Los días se me llenaban de lunas que entonces no eran más que días de noche y noches de negrura sin fin.
Eres la poesía cantándole al viento.
Eres justo lo que jamás tendrá definición.
Y en tu definición mismamente habré de perderme tantas veces...

lunes, 3 de marzo de 2014

La introspección llevada al extremo o al comienzo más primitivo.

Ojalá deje de verme reflejada en el cristal que custodia las agujas de cada reloj despistado que se tropieza con mi mirada.
Ojalá entendiese más y me preguntase menos.
Aquello, aquellas cosas, que es lo más sencillo, me parece un mundo abstracto en el que mis dedos se desdibujan a cada intento de penetrarlo.

Ojalá el plato de lentejas estuviera más vacío y mi mente más llena. Que el peso de cada cucharada fuese directo a los kilos que le faltan a mi materia gris y no a los puntos ciegos de mis debilidades.

A veces ajena, a veces enajenada, a veces.
Y la música ajena y el humo del cigarro y las calles infinitas.
Me retroalimento de elementos de los que se enamoran mis pupilas pero cuya imagen no se transfiere a la razón.

Ver, amar, y no entender nada.

Querer serlo todo y no ser nada. Hablar y expulsar silencio, mientras que el espejo dice "no te veo".
El espejo que dice "veo hasta lo que tú no ves" espera entre las sábanas, se traga las lágrimas que no son más que el espejo subjetivo de la propia mente.
El espejo de las sábanas dice que en la nocturnidad y la nada de los sueños está el 'YO' que la luz del día no te revelaría jamás.

domingo, 19 de enero de 2014

El vidrio pétreo en los ojos. La opacidad.
Los cristales cuando se resquebrajan.
El dolor.

Los arañazos invisibles en tu espalda,
mis uñas inertes, libres.
Las lágrimas secas.

La punta de tu nariz y el hielo,
la fiebre en mi boca.
La vida.

Los ojos fríos del mar,
la infinidad de los instantes clavados en el alma.
La belleza.

Los pájaros ávidos de primavera,
el calor aun sin gestar.
El vuelo inacabado.

Mis huellas dactilares en la comisura de tus labios,
la vergüenza tibia de tus costillas,
tus nervios latiendo en el lóbulo de mi oreja.
El ardor de tu piel.

La oscuridad de tus pupilas,
tus pestañas sin fin,
la profundidad de tu sonrisa.
La felicidad.

viernes, 3 de enero de 2014

Frío.

Un invierno dura lo mismo que dura el hielo en las entrañas. Un invierno demasiado largo. Invierno, invierno otra vez. La última vez que se secaron las primeras hojas de otoño el invierno había durado lo de siempre. Las mismas penas y las mismas lágrimas hechas nieve y derretidas al sol de la primavera. Igual que siempre.
Siempre no es igual y siempre no es lo mismo nunca.
Habría jurado que nunca había pasado tanto tiempo en el hielo. Duro, límpido, de belleza perfecta e inacabable. Puro y duro como el acero, cortante y castigador.
365 días repartidos en estaciones, frío, calor, calma y tempestad. El año infinito, de invierno alargado y sombrío. Increíblemente largo.
El más largo de la historia.
Las arenas más lentas jamás caídas en un reloj.
El tiempo hecho agujas de soledad y de perpetuidad.
Se nos olvidó que había un sol, que había algo más, se nos olvidó casi todo.
Los recuerdos, los pensamientos, lo que sentíamos. Caía en copos de nieve todos los días que se adhería al suelo y que pisábamos constantemente. Hemos pisado las lágrimas de cristal cuyos filos destruían nuestros pies y todo aquello que hemos amado y que andábamos pisando de manera imperceptible.
Hemos destruido y nos han destruido. El hielo nos ha quemado y con él lo hemos quemado todo.
A veces parece que nunca se acaba, a veces parece que hace calor.