Tengo la sensación de estar apagándome.
De estar alejándome de mi misma.
A veces no me reconozco.
No sé que tierra estoy pisando, no sé dónde lleva este sendero.
No sé nada.
Nada.
"If you want to be a writer, you must do two things above all others: read a lot and write a lot" Stephen King
domingo, 10 de mayo de 2015
jueves, 16 de abril de 2015
La inspiración a veces brota de una fotografía, en blanco y negro, del silencio.
He perdido la capacidad. Ya no.
He dejado de leer, he dejado de inspirarme, me he dejado. Mis tripas se han escurrido.
A dónde van las almas desgarradas de los precipicios. Y los precipicios, a dónde desembocan. El vacío de dónde viene y cuál es su expansión.
A dónde van las almas desgarradas de los precipicios. Y los precipicios, a dónde desembocan. El vacío de dónde viene y cuál es su expansión.
También pienso mucho en la muerte y me pregunto si estaré enferma.
Me pregunto muchas cosas, nadie responde.
Hay un fondo negro detrás, pero nunca puedo atraversarlo, las preguntas difuminadas se contorsionan con las respuestas en un vacío que cae en picado.
Al final no hay respuestas.
Ni preguntas.
Las almas que van al vacío siempre van llenas. Irónico. Raro.
Solo fluye, déjalo fluir, déjalo salir. Lleva demasiado tiempo escondido no te das cuenta. No, no estaba escondido, estaba dormido. Si, dormido.
Solo fluye, déjalo fluir, déjalo salir. Lleva demasiado tiempo escondido no te das cuenta. No, no estaba escondido, estaba dormido. Si, dormido.
Llevamos mucho tiempo durmiendo, qué pasa con las almas que duermen tanto, se duermen para siempre. No, están en coma, y en el letargo se entrelazan y viajan en el tiempo, de aquí para allá, hacia ningún lugar, en todas partes y en ningún lugar.
Y la inspiración cuando muere a dónde va.
No, la inspiración nunca se muere, se aletarga, se encoge, se enrolla en un bucle translúcido, espera volver a florecer.
No, la inspiración nunca se muere, se aletarga, se encoge, se enrolla en un bucle translúcido, espera volver a florecer.
Cuándo.
miércoles, 13 de agosto de 2014
.
Me habría enamorado de ti tantas veces como versos hubieran escrito tus ojos en mi dirección.
Llené la pluma de tinta, que ojalá hubiera sido infinita. Porque no hay tinta suficiente en la tierra que la abasteciese si de ella dependieran mis pensamientos para describirte. Mis dedos, posados en las caderas de la estilográfica, eran pura poesía en movimiento.
Los ojos más brillantes que habré visto jamás. Escribiría poesía sobre ellos sino fuera porque ellos la inventaron.
Habría acabado con tantos pergaminos emborronados de tinta como me hubieran permitido los poros de tu piel. Y habría soñado con haberlos seguido con la punta de mis dedos hasta haber creído que tocaba las mismas estrellas que acunan a la luna cada noche.
Llené la pluma de tinta, que ojalá hubiera sido infinita. Porque no hay tinta suficiente en la tierra que la abasteciese si de ella dependieran mis pensamientos para describirte. Mis dedos, posados en las caderas de la estilográfica, eran pura poesía en movimiento.
Los días se me llenaban de lunas que entonces no eran más que días de noche y noches de negror espeso.
Eres la poesía cantándole al viento.
Eres justo lo que jamás tendrá definición.
Y en tu definición mismamente habré de perderme tantas veces...
lunes, 3 de marzo de 2014
La introspección llevada al extremo o al comienzo más primitivo.
Ojalá deje de verme reflejada en el cristal que custodia las agujas de cada reloj despistado que se tropieza con mis ojos.
Ojalá entendiese más y me preguntase menos.
Aquello, aquellas cosas, que es lo más sencillo, me parece un mundo abstracto en el que mis manos se desdibujan a cada intento de penetrarlo.
Ojalá el plato de lentejas estuviera más vacío y mi mente más llena. Que el peso de cada cucharada fuese directo a los kilos que le faltan a mi materia gris y no a los puntos ciegos de mis debilidades.
A veces ajena, a veces enajenada, a veces.
Y la música lejana y el humo del cigarro y las calles infinitas.
Me retroalimento de elementos de los que se enamoran mis pupilas pero cuya imagen no se transfiere a la razón.
Ver, amar, y no entender nada.
Querer serlo todo y no ser nada. Hablar y expulsar silencio, mientras que el espejo dice "no te veo".
El espejo que dice "veo hasta lo que tú no ves" espera entre las sábanas, se traga las lágrimas que no son más que el espejo subjetivo de la propia mente.
El espejo de las sábanas dice que en la nocturnidad y la nada de los sueños está el 'YO' que la luz del día no te revelaría jamás.
Ojalá entendiese más y me preguntase menos.
Aquello, aquellas cosas, que es lo más sencillo, me parece un mundo abstracto en el que mis manos se desdibujan a cada intento de penetrarlo.
Ojalá el plato de lentejas estuviera más vacío y mi mente más llena. Que el peso de cada cucharada fuese directo a los kilos que le faltan a mi materia gris y no a los puntos ciegos de mis debilidades.
A veces ajena, a veces enajenada, a veces.
Y la música lejana y el humo del cigarro y las calles infinitas.
Me retroalimento de elementos de los que se enamoran mis pupilas pero cuya imagen no se transfiere a la razón.
Ver, amar, y no entender nada.
Querer serlo todo y no ser nada. Hablar y expulsar silencio, mientras que el espejo dice "no te veo"
El espejo que dice "veo hasta lo que tú no ves"
El espejo de las sábanas dice que en la nocturnidad y la nada de los sueños está el 'YO' que la luz del día no te revelaría jamás.
domingo, 19 de enero de 2014
El vidrio pétreo en los ojos. La opacidad.
Los cristales cuando se resquebrajan.
El dolor.
Los arañazos invisibles en tu espalda,
mis uñas inertes, libres.
Las lágrimas secas.
La punta de tu nariz y el hielo,
la fiebre en mi boca.
La vida.
Los ojos fríos del mar,
la infinidad de los instantes clavados en el alma.
La belleza.
Los pájaros ávidos de primavera,
el calor aun sin gestar.
El vuelo inacabado.
Mis huellas dactilares en la comisura de tus labios,
la vergüenza tibia de tus costillas,
tus nervios latiendo en el lóbulo de mi oreja.
El ardor de tu piel.
La oscuridad de tus pupilas,
tus pestañas sin fin,
la profundidad de tu sonrisa.
La felicidad.
viernes, 3 de enero de 2014
Frío.
Un invierno dura lo mismo que dura el hielo en las entrañas. Un invierno demasiado largo. Invierno, invierno otra vez. La última vez que se secaron las primeras hojas de otoño el invierno había durado lo de siempre. Las mismas penas y las mismas lágrimas hechas nieve y derretidas al sol de la primavera. Igual que siempre.
Siempre no es igual y siempre no es lo mismo nunca.
Habría jurado que nunca había pasado tanto tiempo en el hielo. Duro, límpido, de belleza perfecta e inacabable. Puro y duro como el acero, cortante y castigador.
365 días repartidos en estaciones, frío, calor, calma y tempestad. El año infinito, de invierno alargado y sombrío. Increíblemente largo.
El más largo de la historia.
Las arenas más lentas jamás caídas en un reloj.
El tiempo hecho agujas de soledad y de perpetuidad.
Se nos olvidó que había un sol, que había algo más, se nos olvidó casi todo.
Los recuerdos, los pensamientos, lo que sentíamos. Caía en copos de nieve todos los días que se adhería al suelo y que pisábamos constantemente. Hemos pisado las lágrimas de cristal cuyos filos destruían nuestros pies y todo aquello que hemos amado y que andábamos pisando de manera imperceptible.
Hemos destruido y nos han destruido. El hielo nos ha quemado y con él lo hemos quemado todo.
A veces parece que nunca se acaba, a veces parece que hace calor.
viernes, 25 de enero de 2013
Further inside.
As a hole, further inside.
When he
goes the earth absconds
and sun turns black in hindsight,
clouds come from the great beyond,
from the most starless and coldest night.
When he disappears the sky expires,
the last
breathe is taken
by my deepest
extinguished fire.
Further inside.
Out of the blue, leaving my mind to its fate,
digging in pain, breaking the thin glass,
something that was asleep now it is awake
opening daintily its eyes which are afraid.
And
further inside his absence brights,
his
figure is blurry and blind,
his
words are bearing in my mind.
So far
as I know, he is not so far,
but every
second weighs,
it weighs
more than the previous one,
leaving me in a sad haze.
lunes, 10 de diciembre de 2012
jueves, 11 de octubre de 2012
Almost always. Always.
A veces las primeras líneas son más complicadas.
Estrechas, ajenas, robadas.
Las primeras y las últimas. Las imposibles.
Las líneas. El límite.
La complejidad de lo ausente, lo desolador.
A veces también, vivir es morir.
Es colarse entre los segundos apagados.
Deslizarse entre dedos de arena.
Entre minutos ahogados.
A veces.
A veces, se esconden mis deseos,
brillantes de polvo y nostalgia.
Se escabullen en mis entrañas.
Huyen. Solo como se puede
intentar salir de entre cuatro paredes.
A veces, el fuego con el que juegan
las intenciones también se apaga.
La cera que se desprende, también se seca.
Y ni polvo, ni cenizas, ni devastación.
El vacío del polvo extraño que se aleja con la respiración descompasada.
A veces, y en realidad siempre.
Siempre que no estás.
Estrechas, ajenas, robadas.
Las primeras y las últimas. Las imposibles.
Las líneas. El límite.
La complejidad de lo ausente, lo desolador.
A veces también, vivir es morir.
Es colarse entre los segundos apagados.
Deslizarse entre dedos de arena.
Entre minutos ahogados.
A veces.
A veces, se esconden mis deseos,
brillantes de polvo y nostalgia.
Se escabullen en mis entrañas.
Huyen. Solo como se puede
intentar salir de entre cuatro paredes.
A veces, el fuego con el que juegan
las intenciones también se apaga.
La cera que se desprende, también se seca.
Y ni polvo, ni cenizas, ni devastación.
El vacío del polvo extraño que se aleja con la respiración descompasada.
A veces, y en realidad siempre.
Siempre que no estás.
martes, 31 de julio de 2012
De alguna manera, esto que tanto se me junta
entre pecho y espalda
no sé si tiene razón o locura.
Me quedo ciega entre flashes
de nostalgia y de entre estos mares
de memorias resurgen
historias del pasado que nunca mueren.
Y no es la pena ni la nostalgia gris
del invierno que añoro.
El verano se lo lleva todo,
la tristeza del verano es inerte.
Y mi querido invierno todo me trae,
la tristeza del invierno está viva.
Ansío el helor en los huesos,
la vida.
Los rincones vacíos
y las veredas desiertas,
las mariposas ausentes
y la caja llena de polvo.
Mis veneradas mariposas,
las de hielo y cenizas
las de la caja de las incertidumbres,
las dudas.
El polvo inhabitado
de lo dulce de la tristeza
y lo amargo de la felicidad incompleta.
El verano es seco y desmemoriado
y la música fría ventisca del pasado.
Todos los días se cierran frentes
y se abren brechas.
Se cierran y se abren,
todos los días y todas las noches.
miércoles, 16 de mayo de 2012
.
Cuando te alejas
el mar crece
el mar muere.
Cuando te acercas
el cielo se encoge
el cielo enmudece.
jueves, 12 de abril de 2012
Inner weeping
A mi me agrada el silencio,
me agrada no tener que oír el ruido
del repiqueteo de las lágrimas
cuando caen al vacío.
La tormenta incesante
en tus ojos
no es más
que ruido en ese vacío.
Y el dolor crujiente
en pleno otoño,
en el viento de la calle
y el polvo arrastrado.
Me da vértigo
observar tu muñeca,
viendo caer tus horas
y tus sueños.
Me aterra el negror,
de tus pupilas.
El hilo vidrioso de tus pestañas
se rompe,
en su fragilidad y en la tuya,
se muere.
me agrada no tener que oír el ruido
del repiqueteo de las lágrimas
cuando caen al vacío.
La tormenta incesante
en tus ojos
no es más
que ruido en ese vacío.
Y el dolor crujiente
en pleno otoño,
en el viento de la calle
y el polvo arrastrado.
Me da vértigo
observar tu muñeca,
viendo caer tus horas
y tus sueños.
Me aterra el negror,
de tus pupilas.
El hilo vidrioso de tus pestañas
se rompe,
en su fragilidad y en la tuya,
se muere.
jueves, 9 de febrero de 2012
Introspection
Dèjá-vu.
El recuerdo de algo
que nunca ocurrió
y que sin embargo existe
en lo más profundo
de la inconsciencia.
El sueño de lo irreal
y la incertidumbre.
Me acordé entonces
de lo pequeñas que
se hicieron mis pupilas.
Cada vez que abrías
la boca
yo me hacía
más pequeña
y cada vez más grande
se hacía
el tamaño de tus palabras.
En un lugar en el
que hasta el polvo
se paseaba en la
literatura de tus
dedos.
Me habría enamorado
de ti
de mil formas diferentes.
Escarbé la tierra,
a golpes,
de tu tumba,
tantas veces como
lágrimas descendieron
por el desnudo
de tus fugaces
miradas.
Y sobre ella misma
pues,
nacen ahora flores
y espinas
que mueren
enredadas
en el amanecer
de cualquier otro
dèjá-vu.
En el horizonte
donde se queman
los sueños.
El recuerdo de algo
que nunca ocurrió
y que sin embargo existe
en lo más profundo
de la inconsciencia.
El sueño de lo irreal
y la incertidumbre.
Me acordé entonces
de lo pequeñas que
se hicieron mis pupilas.
Cada vez que abrías
la boca
yo me hacía
más pequeña
y cada vez más grande
se hacía
el tamaño de tus palabras.
En un lugar en el
que hasta el polvo
se paseaba en la
literatura de tus
dedos.
Me habría enamorado
de ti
de mil formas diferentes.
Escarbé la tierra,
a golpes,
de tu tumba,
tantas veces como
lágrimas descendieron
por el desnudo
de tus fugaces
miradas.
Y sobre ella misma
pues,
nacen ahora flores
y espinas
que mueren
enredadas
en el amanecer
de cualquier otro
dèjá-vu.
En el horizonte
donde se queman
los sueños.
sábado, 14 de enero de 2012
De la soledad hablan
De la soledad hablan
susurrando en la distancia
los callejones los domingos.
Y nuestras pupilas desbocadas,
ansiosas, temblorosas de
buscar otros párpados
donde poder reposar.
Juntase aquella tarde
el infinito del cielo
con la línea del mar
muriendo en la profundidad
de tus ojos.
Reposasen pues tus pestañas
mil veces en el aleteo
frenético de la casualidad.
Donde me hallaba yo
nostálgica de saber
si en algún recoveco
de un segundo maltrecho
habría cabida alguna
para despertar
del sueño.
Quizás ávida.
miércoles, 21 de diciembre de 2011
Wounds
Mis heridas son como puñales desnudos al amanecer,
vacíos de sangre y llenos de polvo y principios de solsticio.
Son como el filo de una espada apunto de atravesarnos,
como el frío de los últimos segundos del último aliento.
Ávidas de tiempo ajeno y besos desbordados
de labios que desembocan en mares oscuros.
Límpidas y cortadas con las manecillas de un reloj
perfectas en su imperfección.
Y mis heridas, como el cielo
se ensanchan en el horizonte,
en el infinito suspiro de un anhelo.
martes, 20 de diciembre de 2011
We are bubbles

Se enmudecieron las aceras salpicadas del ruido del mundo. Nos enmudecieron. Alguien hizo clic en el mando de la televisión y el resto del mundo se apagó a la vez. Voy a cerrar los ojos y apretar bien fuerte mis pestañas. Voy a correr. A contracorriente.
Mientras el mundo siga parado, mientras el viento sea una utopía. Y el silencio más absoluto y aterrador una pura realidad.
Lo único que no se detiene en este caos es el sonido. La música viaja a velocidades intergalácticas intangibles y transparentes. Se mueve en frecuencias opuestas al mundo. Al insufrible caos de nuestros pensamientos.
El huracanado tiempo de los instantes forma una espiral de banalidad. Y observo como se lo traga todo, hasta mi alma. Hasta que se consume.
Entonces y solo entonces, cuando se ha acabado todo, ni siquiera queda un fundido en negro.
Somos burbujas, luz en frágiles pompas de extraño vacío, música y un increíble infinito de horas estáticas y segundos rotos.
Hasta que alguna burbuja se rompa y vuelva a hacer clic en el mando de la televisión.
jueves, 8 de diciembre de 2011
The shipwreck

Quizás deberían haber esperado un poco más antes de partir. Pero la tripulación tenía que embarcar y darse al mar tan pronto como fuese posible.
Entre lágrimas y sonrisas se oían vítores y los pañuelos volaban en señal de buenaventura.
Era un día en el que hasta el sol parecía querer zambullirse en las cristalinas aguas del lugar. La multitud se concentraba para estar lo más cerca posible por última vez en mucho tiempo de aquel barco que acababa de quitar los nudos a sus amarras.
Entre todas aquellas gentes no podía más que verse dicha, fe y ojos llenos de amor. Pero si algo me llamó la atención entre aquel bullicio fue la mirada inquisitiva de una mujer de aspecto angosto y azaroso. No era más que una pobre vagabunda que solía rondar las calles del puerto y que asustaba a los niños cuando correteaban por los callejones.
Me acostumbré a verla, como el resto del pueblo. Pero el júbilo del momento se desvaneció para mi en el mismo instante en que me crucé con su vidriosa mirada.
Aquello hizo que se me juntasen las nubes en el cielo y el sol oscureciese por un momento.
Habíamos zarpado. Al rato la sensación de la extraña angustia que me provocó aquel momento se esfumó tan pronto como vino la primera oleada de náuseas a causa del vaivén de las olas.
Supuse que aquél viaje no iba a ser plato de buen gusto. Pero era lo que yo quería, muy a pesar de todos aquellos que me habían lanzado pañuelos blancos y me habían lanzado aquellas miradas de pena.
Pero prefería mil días de náuseas a lidiar más tiempo con la tormenta que me asolaba día sí y día también.
Cuando conseguí que el aire fresco me diese una tregua, me acordé de súbito de la pequeña anciana. Además de asustar a los niños, era famosa por su habilidad con la fortuna y el azar. Más bien para el infortunio y la desgracia. Nadie le dirigía ni la más mínima palabra. Y menos aun una mirada. Si bien era capaz de revelarte los infortunios, también lo era de transmitirlos en aquella pétrea mirada.
Entonces una nueva oleada de náuseas se apoderó de mi, ya fuese por las olas, el mal sabor de boca que me había dejado ese maldito contacto con esos ojos o todo a la vez.
Entre vómitos y días vacíos de sol, la alegría con la que habíamos zarpado se fue consumiendo entre la oscuridad de las profundidades. No hallábamos tierra y los suministros se estaban acabando, sin contar con que el viento azotaba el barco de forma espeluznante.
A medida que seguíamos avanzando y la noche se cernía sobre nosotros, las nubes se agolpaban y exageraban la oscuridad de la noche. Lo que hizo que dejase de preocuparme de los rutinarios mareos. Recordé de súbito a la mujer que perturbó mi esperanzadora partida.
Antes de que me diese cuenta, lo que yo pensaba que sería el camino para dejar mis tinieblas atrás, empezaría a ser lo que menos me esperaba.
Lo demás fue como un flash. O varios de ellos, ya que lo único que pudimos distinguir lo hicimos cuando las luces de la tormenta comenzaron a horrorizarnos.
Todo se movía demasiado, el agua caía con tanta fuerza que empezaba a dudar si seguía encima del barco o tal vez ya había caído al ancho mar. El desconcierto y el pánico empezó a apoderarse de todos los que íbamos a bordo. Los chalecos volaban y el barco se zarandeaba de tal forma que empezábamos a rodar sobre su superficie y a chocar unos con otros. Escuchaba gritos por todas partes y entre relámpago y relámpago veía como aparecían y desaparecían. Uno a uno fueron cayendo al mar. Yo también. El barco y todos nosotros nos perdimos entre el cielo y el mar que ahora no eran más que agua, oscuridad y algo de luz centelleante.
Fue un auténtico espectáculo de pavor.
Nos dormimos. Tal vez para siempre. Los delirios se sucedían, y los veía a todos. Mirándome desde la orilla el día que partí. Veía como la anciana mujer clavaba sus ojos en el cielo y aquel empezó a oscurecer. Como en una pesadilla. Los pañuelos se volvieron del color de la noche, las gentes ya no reían ni lloraban por nuestra partida. Lloraban por nuestra ausencia, les veía los ojos totalmente negros y sus lágrimas eran oscuras.
La tormenta con la que partí se perdió cuando me asoló aquella tempestad. Y en mi último delirio pensé que aquellos ojos oscuros me habían vaticinado que huir de una tormenta me llevaría a sufrir un verdadero diluvio que duraría para siempre.
Y se hizo el silencio. Silencio. El mar es silencio. El descanso eterno.
lunes, 5 de diciembre de 2011
La caja de las mariposas.

De pequeña solían fascinarme las mariposas, aunque era prácticamente incapaz de tocarlas. Me gustaba verlas volar, ver el abanico de colores que algunas ofrecían al trasluz del sol del medio día.
Porque cuando salía del colegio, aprovechaba un pequeño atajo, que ya no está, y siempre volvía sola a casa. Era como una vereda que atravesaba la fábrica. Y había algunas ventanas viejas y sucias con las rejas llenas de telarañas, dejando el cristal casi opaco.
Entonces me acercaba a una de ellas y vislumbraba un pequeño rincón de la estructura de la ventana, que tenía forma hendida dejando una pequeña repisa. Y entre telarañas y capullos, las mariposas tenían un micro-hogar.
Quizás se hospedaban allí porque la mayoría de las mariposas viven de noche. Y ese rincón frío y oscuro podía adaptarse a dichas condiciones.
Mi aversión a tocarlas podría deberse al pavor que les tenía y les tengo a los gusanos. Pero una vez pasada la metamorfosis, parecían tan frágiles y agradables.
Recuerdo que el único día que las toqué, fue por pura necesidad, porque según decían, si les tocabas las alas les robabas el polvillo que les daba la capacidad de volar.
Aquella mariposa era gris. Parecía triste con solo verle las alas, y me di cuenta de que no volaba y de que estaba en el suelo, sufriendo debajo de los rayos del sol. Entonces me agaché y no sin esfuerzo la cogí de las alas por miedo a terminar de robarle el polvillo y la volví a colocar en su rincón de oscuridad.
Al día siguiente volví a pasar, con una hoja grande de morera de los árboles que crecían en mi calle. Pero la mariposa ya ni volaba ni se movía. Así pues recordé que también decían que las mariposas solo vivían un día. Y en muchos casos así era, y su vida se reducía a 24 horas para reproducirse y morir.
Yo me preguntaba como podría ser la vida en 24 horas, en cómo desperdiciábamos el tiempo día tras día, sabiendo de antemano que nosotros podemos desechar días enteros que no supondrían más que unos segundos en la vida de una frágil mariposa.
Mi imaginación volaba y pensaba en las cosas que podría hacer en 24 horas. Nada de dormir, nada de comer cosas que no me gustaban, nada de quedarse en casa haciendo los deberes, nada de enfadarse.
Un ruido brusco de la fábrica me sacó de aquella ensoñación y vi que se me había pasado el tiempo volando, solo de pensar en que es lo que podría hacer para no desperdiciar los efímeros días de mi pequeña vida. Y muchas veces perdemos el tiempo así, imaginando y especulando sobre el futuro. Futuro que casi nunca es como nos lo imaginábamos.
Volví a casa corriendo y guardé toda la historia en la caja de los recuerdos. De los pocos que solo guardamos para nosotros.
Un recuerdo que hasta hoy no había sacado de la caja de las mariposas. La de la imaginación.
sábado, 19 de noviembre de 2011
Get away
Tómate el privilegio alguna vez de elevarte sobre tus posibilidades.Si hay algo realmente increíble en el ser humano es su capacidad de superarse día a día y ser tolerante con la visión de aquello que nos rodea.
Crea tus propias murallas. Y permítete derrumbarlas.
Camina, cáete, y levántate.
Ríe y demuestra que no hay nada que no puedas superar.
Y llora, llora por todos los momentos en los que tuviste que ser valiente.
Llora al salir.
sábado, 22 de octubre de 2011
There aren't stars

Nadie te echará de menos cuando no aparezcas.
Eran horas de frío. El vaho en los cristales. Y el viento recorriendo los callejones, las noches comiéndose los días.
Esa noche salimos a ver las estrellas. El cielo se cernía sobre nosotros a la par que el frío nos hacía más cálidos. El silencio lo inundaba todo. Tu sonrisa era única de las pocas luces que se podían discernir aquella noche. Y yo la vislumbraba.
La intensidad de los instantes no se puede medir. Algo tan grande que al final se reduce a la plenitud. Instantes. Llenos de magia.
Pero la magia es para las películas. Los instantes y la plenitud son ilusiones que pronto desaparecen.
Yo ví las estrellas, miles de ellas agolpándose en mis ojos. Ojos llenos de estrellas.
Creo que las ví sola. Tú estabas conmigo. Tú veías estrellas. No eran mis estrellas. No era el mismo lugar. Puedo ver como en aquel momento no supe distinguir la realidad de la confusión. Te fuiste casi sin darme cuenta. Mientras yo me llenaba de estrellas.
Se rompió tan rápido que no me dio tiempo a echarte de menos.
Y como siempre las estrellas y el cielo se rompieron conmigo.
Ya no veo las estrellas. Es difícil distingirlas cuando tampoco puedes ver el cielo.
Ellas no te echan de menos.
No me atrevo a echarte de menos.
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