sábado, 22 de octubre de 2011

There aren't stars


Nadie te echará de menos cuando no aparezcas.

Eran horas de frío. El vaho en los cristales. Y el viento recorriendo los callejones, las noches comiéndose los días.

Esa noche salimos a ver las estrellas. El cielo se cernía sobre nosotros a la par que el frío nos hacía más cálidos. El silencio lo inundaba todo. Tu sonrisa era única de las pocas luces que se podían discernir aquella noche. Y yo la vislumbraba.
La intensidad de los instantes no se puede medir. Algo tan grande que al final se reduce a la plenitud. Instantes. Llenos de magia.
Pero la magia es para las películas. Los instantes y la plenitud son ilusiones que pronto desaparecen.
Yo ví las estrellas, miles de ellas agolpándose en mis ojos. Ojos llenos de estrellas.
Creo que las ví sola. Tú estabas conmigo. Tú veías estrellas. No eran mis estrellas. No era el mismo lugar. Puedo ver como en aquel momento no supe distinguir la realidad de la confusión. Te fuiste casi sin darme cuenta. Mientras yo me llenaba de estrellas.
Se rompió tan rápido que no me dio tiempo a echarte de menos.
Y como siempre las estrellas y el cielo se rompieron conmigo.
Ya no veo las estrellas. Es difícil distingirlas cuando tampoco puedes ver el cielo.
Ellas no te echan de menos.
No me atrevo a echarte de menos.

jueves, 6 de octubre de 2011

Fate


¡¡Te odio!!
Y te odiaría mil veces durante mil años más si fuese capaz de soportarlo.
No hay peor castigo que guardar aquello que podría acabar con el mundo entero.
Por su extensión y su intensidad.
Por no poder dejarlo salir.
Del mundo de las mentiras.
¡Por no saber que decir!
Y me ahogo en mis pupilas si no sé como hablar.
Se hunden mis naves una vez más.
Y así todos los días de nuestra existencia.
Existencia que por lo general, y a veces, sobra.
Y si no me queda más remedio seguiré soltando improperios allí donde pueda devastar la tierra que algún día hiciste crecer.
Y seguiré. Ya lo creo que seguiré.
Y tú.
Ya no existirás más. Morirás en el intento. Porque ya no hay vuelta atrás.
Porque dentro mi, no dejan de morir cosas.

martes, 4 de octubre de 2011

The end of the sun

Se caen puentes, se derriban azoteas y los sueños vuelven a morir.
La lluvia, el viento, el frío, la tormenta y los segundos ahogándose en el cielo gris.
Todos se van, las calles desiertas, el sol que ya no existe aquí.
Y se desvanecen las horas inertes, los castillos de viento y las palabras vacías.
Que se acabe el mundo ahora si no es este el comienzo del fin,
la peregrinación de los instantes. Cada vez nos hacemos más pequeños.
El fin.
El sol que se hizo luna y no vio más nunca amanecer.
Las noches de luna llena, de soledad y de frío desgarrador.
El tiempo hecho arena y tus pupilas espuma de mar.
Y el mar. Hecho cielo de agua.
El horizonte hecho infinidad de líneas.
El fin.
Mi fin.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Comme un 'Jeux d'enfants'

>>Felicidad en estado puro, brutal, natural, volcánico, que gozada, era lo mejor del mundo… Mejor que la droga, mejor que la heroína, mejor que la coca, chutes, porros, hachís, rallas, petas, hierba, marihuana, cannabis, canutos, anfetas, tripis, ácidos, lsd, éxtasis… Mejor que el sexo, que una felación, que un 69, que una orgía, una paja, el sexo tántrico, el kamasutra, las bolas chinas… Mejor que la nocilla y los batidos de plátano… Mejor que la trilogía de George Lucas, que la series completa de los Teleñecos, que el fin de Millenium… Mejor que los andares de Ally McBeal, Marilyn, la Pitufina, Lara Croft, Naomi Campbell y el lunar de Cindy Crawford… Mejor que el pequeño paso de Amstrong sobre la luna, el Space Mountain, Papa Noel, la fortuna de Bill Gates, las malas experiencias cercanas a la muerte, la resurrección de Lázaro, todos los chutes de testosterona de Schwarzenegger, el colágeno de los labios de Pamela Anderson, mejor que los excesos de Morrison… Mejor que la libertad… Mejor que la vida.<<

“Jeux d’enfants” Yann Sammuel

martes, 6 de septiembre de 2011

Happiness is a journey.. not a destination


Es curioso el efecto que tienen los días sobre nosotros. De descontrol.

Quizás no exista motivo aparente por el que un día me sumerja en una gris tristeza, en el tono amargo que dejan los acontecimientos que inexplicablemente traemos a veces en forma de recuerdo... Como tampoco lo existirá para explicar porque hay días que todo eso parece desaparecer en un agujero negro y la diferencia entre un día y otro puede ser abrumadora.
Sea como fuere, he de reconocer que mis días ya tienen explicación, como si de un año nuevo se tratase, las cosas han cambiado. No sé si en esas cosas estoy yo, pero lo cierto es que si algo ha cambiado es la dificultad, y ahora los problemas y las desavenencias han adquirido otro cariz.
Como cuando cierras una etapa, porque visto así, esto no es más que el cierre de una hórrida y tumultuosa etapa, de esas que duran y duran, que nos persiguen. Una época de transición. La salida del sol. La hora de abrir. El amanecer de otro tiempo.
Y los demás... que quieras o no, inciden de forma directa, en mayor o menor medida, más o menos la misma en la que los dejas entrar. Porque mientras que unos se van, otros van llegando, quizás a quedarse para siempre, y finalmente, los que están ahí, y que ya firmaron de por vida.

Brindo entonces por todos mis errores, por todas aquellas veces en las que me caí, en las que perdí, por todos aquellos que también se equivocaron, por la melancolía de esos largos días grises, por las lágrimas que me inundaron. Brindo por el dolor, por aquel que llegó al igual que por fin decidió hacer las maletas.

jueves, 4 de agosto de 2011

Over the sea

Porque tiene la vida esa manía de dejarse arrastrar por las olas del mar,
de impregnarse del brillo de la sal y perfumarse con el olor de la brisa.
Mientras gaviotas y aeroplanos comparten el cielo alborotados
nosotros nos sentamos en la orilla a esparcir la arena con las manos.
Despistados, sonámbulos, viajando en el mismo barco
hacia ningún lugar, perdidos, abandonados y sin sueños.
Esperando algún atisbo de aire que poder respirar,
esperando lo que todos solemos esperar.
Pero la mañana se hace venidera súbitamente
y los sueños que perdimos de día nos esperan al atardecer.
Colmados de sal, de brillo y soledad,
asfixiados de espejismos y horas perdidas.

lunes, 1 de agosto de 2011

I am..

Soy una perdedora nata, de esas que juegan al parchís no con la esperanza de ganar, si no con la esperanza de no quedar última, y de salvar sus fichas estratégicamente.
Soy la torpeza en persona, una patosa por naturaleza. De esas que si encuentran el camino llano lo llenan de piedras, de las que se dejan los dedos meñiques en las esquinas de los armarios y se descubren día sí y día no los codos amoratados.
Soy miles de preguntas sin respuesta, miles de dudas y de inquietudes.
Soy negativa, de las que atraen la mala suerte sin pedirla y se autodestruyen.
Soy dificultad e incomprensión, de las que ni saben muy bien que son.
Soy pesadilla, sueños rotos y lágrimas de noche, de esas que cuando se van a dormir no se preocupan más que de dejar la mente en blanco y lanzarse al fundido en negro.
Soy paradoja. Hoy puedo engañarme y pensar que nada puede ir mal, pero también puedo saber que no es verdad.
Pero soy muchas cosas más.
Porque no soy fuerte, pero soy perseverante. Si hoy no puedo sé que podré mañana y sino pasado.
Porque si estoy triste no soy capaz de irme a dormir sin sonreírle al mundo por última vez antes de apagar la luz.
Porque si el destino se empeña en aumentar mi torpeza llenando el camino de piedras, seré lágrimas y dolor, pero también sé que se acabarán.
Porque ignoro muchas cosas de la vida, de los demás y de mi misma. Pero también sé que no habrá día que esa ignorancia decrezca.
Porque si un día me sumo a la lista de acciones reprochables del ser humano a otro el arrepentimiento limpiará mis heridas.
Porque no soy lo suficientemente buena en nada pero me esfuerzo por mejorar día a día en aquello que me fascina.

Al fin y al cabo sé que también me faltan muchas cosas que descubrir de mi misma. Y que la perfección ni existe ni la quiero para mi. Porque está bien así...

miércoles, 27 de julio de 2011

Bliss

Y aunque a nadie le importe hoy lo voy a decir. Que puedo ser feliz.
Las palabras tienden a salir con tanta facilidad cuando estamos rotos, que escribir se convierte en una necesidad imperiosa, y necesitas vomitar toda la mierda que te está consumiendo por dentro.
Y sin embargo, hoy no vengo a hacer drama, ni a centrarme en los valores negativos. Porque ya lo he llenado todo de suficiente oscuridad, y la luz está ocupando ahora su lugar.
Que bonito. Como he perdido el tiempo, como se estropean las cosas y que complicado lo volvemos siempre todo. Y que fácil resulta después de la tormenta, que gusto da la calma.
Me he caído cientos de veces, he querido ganar muchas batallas, he hablado de otras tantas que nunca gané. Y sin embargo ya ni siquiera hay guerra. Nada. Se ha esfumado todo.
Como un naufragio. Una tabla es todo lo que tengo en este mar. Todo lo que me rodeaba se ha hundido junto con mi barco. Todo está cambiando.
¡Qué liberación! y ¡qué paz!
Echo la vista atrás y da la sensación de que hay meses que parecen estar encerrados en bolas de cristal, como las de navidad. Incluso como si nunca hubiesen sido verdad. Como si este año no empezara en en enero y acabase en diciembre. Sino más bien de enero a junio y de julio a diciembre.
Cuantas vueltas da la vida ¿verdad? Como puedes hundirte en el fango, tener la certeza de que serás consumida vorazmente por él, y ver como casi sin darte cuenta es todo tan distinto.
Y tengo la certeza de que no hay nada en este mundo que pueda arruinarme este momento.
Porque aunque a nadie ya le importe, quizás si que soy feliz.

viernes, 22 de julio de 2011

Earth


Cuando era pequeña, mis pequeños amigos y yo, nos pasábamos todo el verano en la calle, de la que no salíamos nunca. Era nuestra casa y el lugar donde creábamos nuestros pequeños sueños. Todas las tardes en cuanto la sombra nos protegía un poco del calor acudíamos puntualmente sin necesidad de llamarnos al timbre de casa, cosa que molestaba tanto a nuestras madres.

Mi calle es amplia, navegábamos por ella con el patín o con cualquier trasto que tuviese ruedas y nos lanzábamos calle abajo, imaginaos como es cuando nieva en invierno. Lo más bonito de ella es el jardín. Porque es una calle que tiene forma de V, y en el punto que confluye la calle, ahí está nuestro pequeño jardín. Con sus grandes árboles, que los vecinos han cuidado con cariño desde que tengo uso de razón, los preciosos rosales que le daban color, el pino inmenso que siempre intentaban enderezar…

Los árboles eran muy diferentes, cada uno tenía un tipo de hoja y un tamaño. Y el más curioso era una especie de arbusto que parecía ¡un puerco-espín gigante! Tenía largas y puntiagudas hojas verdes que se disparaban hacia todas partes. No tenía tronco y estaba pegado al suelo. Nunca supe cómo se llamaba pero era el más extraño.

Me entristece recordar todo esto en pasado, porque sigo estando en la misma calle, mis pequeños amigos ya no son tan pequeños pero siguen estando también, pero lo que ya no está era ese mágico jardín donde nuestra imaginación inventó tantos juegos... Ese cuadrilátero se convertía en "nuestra casa" de paredes invisibles, donde yo siempre por ser la mayor era la mamá, y ellos enseguida se aburrían y se iban a jugar a la pelota... Ese árbol de raras y pequeñas hojas que llamábamos el árbol del dinero. Ese arbusto puerco-espín donde en vísperas de otoño clavábamos las grandes hojas de la morera, y cuando llegaba el otoño y se habían secado, las sacábamos de ahí, las dejábamos en el suelo y nos dedicábamos a pisotearlas y a hacerlas añicos, dando la bienvenida al otoño. Y era maravilloso.

Pero ese jardín como decía y como muchos otros, ya no está. Ese lugar ahora no es más que asfalto, un par de bancos y algún árbol que quizá por pena sigue envejeciendo ahí. El jardín que había en el centro del pueblo también se ha convertido en asfalto con unos pocos bancos y una pequeña extensión de césped y algunos árboles, pero la fuente ya no está, las palomas se marcharon y la luz del sol se consume en el duro suelo que lo ocupa ahora.

Nos están robando la luz, nuestros parques se están consumiendo, nuestros mares, nuestros bosques y nuestras montañas. Todo se está consumiendo lentamente. Lo estamos consumiendo. Estamos acabando con todo, lentamente... Y llegará el momento en que veamos la destrucción de lo que es nuestro hogar cada vez más grande, y para entonces, querremos echar la vista atrás, y ponerle una solución, pero no se podrá. Y todo bajo el mismo pretexto, no pensamos en el mañana, porque para nosotros lo más lejano como futuro se reduce a "antes de morir" porque después de morir ya habrá otros que se encarguen de lo que nosotros no hicimos. Y ese pensamiento seguirá ensuciándonos eternamente hasta que perdamos aquello que se nos ha regalado. Veremos morir a la tierra, y como castigo, nosotros con ella.

lunes, 18 de julio de 2011

¿Hope?

Ojalá pudiese entender todo… entenderte o quizás simplemente entenderme a mí. Pero supongo que una vez más no puedo mantenerlo bajo control, se me escurre de entre las manos sin apenas percatarme de ello.

Y a veces… parece que estoy lejos, muy lejos, y otras sin embargo me hallo anclada en el mismo punto mientras veo como la realidad sucede a mi alrededor más rápida de lo que soy capaz de captar.

Agarraría el cielo con las manos y cortaría el tiempo en días, horas, minutos y segundos. Rompería uno a uno esos segundos que cada vez me separan más de un tiempo pasado. Un tiempo pasado del que se suele decir que es donde éramos felices. Pero yo no quiero ningún pasado, ni un futuro que se parezca a esta realidad.

Lo único que necesito saber es cuál es el tren que debo coger, que el tiempo me está consumiendo mientras sigo esperando en este banco qué camino elegir y que destino esperar. Pero aquí no, yo no pertenezco a este lugar, a este punto de mi vida, no es el mío.

Desearía cambiarlo todo. Desde el día de mi muerte hasta la última de mis pestañas. Otra dimensión quizás. Desearía viajar a ese universo paralelo donde se supone que reside lo opuesto y mis pensamientos me llevarían al cielo y no al infierno que acostumbro evocar.

Intento cerrar los ojos y buscar en la imaginación algo útil que me sirva para construirme una realidad. Esa realidad que los ojos tal vez solo pueden imaginar en la oscuridad. Y lo intento cada día y cada instante en el que no sé quién soy ni que es lo que quiero.

Debo de haberme perdido. La confusión me está haciendo perder el juicio una vez más. O quizás solo viene a recordarme que nunca lo tuve.

¿Por qué? No consigo encontrarme, entenderme. ¿Es que acaso no hay un maldito final?, ¿una estúpida luz al final del túnel?, ¿una frontera, un límite o un jodido acabose? Algo. Pero no hay nada más que rastrojos del tiempo, polvo y unos pocos recuerdos que desearía no guardar más.

¿Sabes? A mí me hubiese gustado elegir, me hubiese gustado tener la oportunidad de arriesgarlo todo teniendo nada. Me hubiese gustado darte hasta lo que no tengo. Hubiese preferido no perder nada.

Y nada es para siempre, o eso acostumbra la gente con esperanza a decir. Y yo en el fondo lo creo, porque en parte yo también soy de ese grupo de estúpidos esperanzados. Cuando no nos queda nada más.

domingo, 12 de junio de 2011

I would have been night


Habría atravesado los más vastos mares.
Habría cruzado fronteras, pueblos y países enteros.
Habría devastado penas y pesares.

Hubiese acabado con las nubes negras,
con las tormentas y los días de grises perlas.

Me habría dejado caer, y sin más perecer,
me habría dejado morir por última vez en el amanecer
.

Y las mañanas se habrían hecho noches
y las noches abismos sin mañanas.
Habría sido capaz de todo y de nada.

Habría visto caer a las estrellas
y ver llorar a la luna por ellas.

Y con ellas, me habría cosido el alma,
había cerrado las ventanas y esperado al alba.

Y de haber por haber ni sueños quedan,
ni soñadores.

lunes, 23 de mayo de 2011

Letter


Querido, queridísimo corazón:

Te escribo porque me preocupas, porque hace tiempo que no sé que pensar.
Porque en todo este tiempo, has aprendido mucho, y has sido valiente, muy valiente.
Has recorrido caminos tempestuosos, sin mi.
Has aprendido a llorar en silencio y en soledad, sin mi.
Pero tú y yo sabemos que nada es para siempre, y que si consigo hacerte razonar, entonces quizás, y solo quizás, podamos entrever ese esperado final.
Te escribo más por ti que por mi, que no soy nada sin ti. Porque voy a tratar de conseguir que de alguna forma me escuches, y dejes de actuar como si yo no existiese y estuvieses tú solo en todo ésto.
Y si me permites, has de saber que todavía te queda mucho por aprender. Que has de cerrarte a la ingenuidad de tus actos y a abrirte a todo aquello que en realidad necesitas, a lo que te espera ahí fuera, porque te estás perdiendo el espectáculo de la vida. Porque está todo patas arriba, está todo completamente al revés. Pero que me vas a decir tú de orden, cuando de todos es sabido que tú te dedicas a sentir y yo a pensar.. Tú que siempre optas por guardarlo todo según llega y ni te molestas en contestarme, en escucharme o en percatarte de mi perpetuo sufrimiento.
Y mientras tanto, te observo, desde aquí arriba veo como te encojes, como te exaltas y como a veces lates con frenesí. Como te das la vuelta para que nadie te vea llorar. Como te miras al espejo, te sientas con tranquilidad y te pintas, te maquillas de felicidad.
Pero lo triste... no es que intentes engañarme a mi, que todo lo sé. Lo triste es que te engañes a ti.
Y aun así, el verdadero problema no reside en eso, sino en tu enfermedad. Que es terrible. ¿Sabes? Yo sé que los corazones como tú no se mueren de amor.
Así que date la vuelta, desmaquíllate y agárrame fuerte. Limpia tus ojos de lágrimas, y date cuenta de que tú ahora mismo me necesitas a mi, despréndete de todos esos viejos muebles que se agolpan dentro de ti y que tantas pesadillas te regalan.
Vacíate.
Y sé tú.
Otra vez.
PD: Estaré esperando con paciencia, como es habitual, tu regreso.

Tuya, y siempre tuya.
La razón.

jueves, 19 de mayo de 2011

When I stop


Las heridas dejan de sangrar. Sí, en un determinado momento del que quizás ni siquiera somos conscientes, nuestras heridas se cierran, pero no se van. Y es cuando empiezan a sangrar por dentro, condenadas a inundar nuestro interior sin que los demás se percaten de ello. Solo aquellos que alguna vez estuvieron en tu alma son capaces de vislumbrar tus más oscuras lágrimas.
Y te preguntas hasta que punto eso puede ser algo útil, si de verdad merece la pena empezar a fingir, o en realidad cada día te sientes peor por engañar al mundo. Pero te agarras fuertemente al lavabo, pupila contra pupila, y te ríes, y piensas... ¿y eso que más da?
Y el mundo deja de tener importancia alguna, por los que saben, por los que no saben y por los que creen que saben algo.
Un minuto, a veces un solo minuto basta para ver las cosas claras, para pensar y decidir que es lo que sabes, lo que sientes, y que es lo que el resto espera de ti.
Otras veces, hace falta incluso toda una vida, para preguntarse que es lo que está bien, lo que está mal, y lo que para unos está bien y para otros no. Y para uno mismo, cuando nuestros actos son altamente condicionados por los del resto, por sus palabras que se clavan como las púas de la cama de un faquir, por los demonios que corroen nuestras entrañas.
Cuando ya no se trata de problema y solución, sino de evolución y cambio, de respuestas que simplemente no son buscadas, y de preguntas que nunca, nunca serán formuladas.
Es entonces, cuando decides bajar, sentarte en las manecillas del reloj y perder la vista en el infinito, como si por un momento, no existiera otra cosa que la vacuidad.

jueves, 28 de abril de 2011

To splinter


Sentada en el escritorio, sin luz, sin ganas. Los folios, los bolígrafos y el vaso vacío estaban alumbrados por el flexo, y sus manos reflejaban el hastío.
El bolígrafo bailaba sobre los folios, sin mirar. Ni siquiera estaba ahí en ese momento. Y lo sabe. Ni siquiera parecía que hubiese luz. Sumergida en la más densa oscuridad.
'Todo lo rompes. Todo'
Garabateaba una y otra vez.
-¡Vuelve, maldita sea!, ¿En qué estás pensando?
Enciende la luz de la habitación y camina a oscuras hacia la cocina, a vaciar el vaso. Por que las lágrimas son así. Son como el agua, cristalinas, transparentes y discretas. Lo inundan todo, se secan y nadie sabe que estuvieron ahí.
El corazón se le hace astillas. Astillas que se clavan como espadas.
-No tiene porqué estar pasando ésto, ¿lo sabes verdad? Sabes que es pasajero y que en breves se volverá a dormir.
Apaga la luz, se sienta, arranca la hoja. Arruga el papel.
-Está bien empecemos de nuevo.
Y se concentra, lo logra. Porque ella sabe que es así. Que sus recuerdos se astillan, la dañan a ratos y ya está.
Enciende la luz, se ata el pelo. Respira.
-Muy bien, ya está, éso era todo.

Y la luna se cae antes de advertirlo. Otro día que tachar en el calendario, otro día menos para vivir. Un día más para despertar.
Y ya está. Mil y un batallas más. Una menos.
Sabe que no puede sentirse bien siempre, y que eso va a estar presente todavía en sus días, que no en todos. Pero, ¿y que más da? Sabe, lo sabe todo. Que nada es para siempre. Y que si hoy toca llorar pues mañana tocará reír. A carcajadas. Brillante, como las lágrimas secas en la cara. Como el sol y la espuma del mar. Y reirá, por la felicidad y por la tristeza. Por todo.

lunes, 18 de abril de 2011

Broken time


Hoy, y ayer, he vuelto a notar como se me erizaban los brazos, las piernas, advirtiendo una brisa fresca a la que daba por dormida. El calor, el sol y la pequeña alegría de una primavera impaciente ahora parecen un simple sueño, un oasis en medio del desierto, una ilusión óptica.
Nunca me había parado a pensar en la forma en la que nos afecta el clima, el tiempo. Nuestras vidas no son más que un hilo que pende de las manecillas del reloj, pero y ¿qué hay de las emociones? Las que están estrechamente ligadas al paso de los meses, a los cambios.
Es un tópico, es cierto. Pero ¿quién no ha sentido la nostalgia y la tristeza del gris del invierno y el otoño? ¿y la euforia y la sensación de levedad que regala el verano o la brillante primavera?
Vivir no es solo avanzar, es cambiar. Y es algo que está presente en algo tan simple como puedan ser las estaciones.
Curiosamente me asaltan las cuestiones cuando me hallo en la calle, sola. Pero el hilo de mis pensamientos se corta, bruscamente. El corazón desbocado. Casi no me da tiempo a pensar racionalmente cuando siento un nudo en la garganta, ¿porqué?
Y me acuerdo de Descartes, de que los sentidos nos engañan. No me cabe la menor duda, creo que nunca la he tenido. A veces vemos simplemente lo que queremos ver, pero ¿porqué yo creí ver algo que en realidad no quería ver? ¿es una prueba? Es eso, ¿no? nos ponemos a prueba, una y otra vez.
No, no era él, todo ese cúmulo de estúpidas sensaciones no era más que excesiva imaginación, por decirlo de alguna forma. Un segundo, es todo lo que me ha bastado para cambiar el rumbo de mis pensamientos.
Un segundo es lo que dura una mirada, una mirada incierta, insegura, errónea...
En un segundo me ha dado tiempo a morir. A caerme, a levantarme y a despertar. A escuchar el repiqueteo de las lágrimas cuando se escurren por dentro. A pelear, a comenzar una nueva batalla y a llegar maltrecha. Perdiendo la batalla. Sabiendo que cada vez estoy más cerca de una victoria que se resiente a cada momento y que ya solo depende del tiempo, de los segundos perdidos y de mi.

jueves, 7 de abril de 2011

Sounds of spring


Al pensar en el atardecer, me vienen a la memoria muchas cosas, pero hoy en especial, he sentido algo diferente. Algo que es posible que me quiera decir que la primavera por fin ha llegado para mí también.
El sol me ha acompañado de clase a casa y viceversa. Mientras, en mis oídos lo único que podía percibir era "Una tarde en el parque", entre otras, y de vez en cuando el molesto sonido que producen los tacones de los que me rozan con celeridad.
Será el buen tiempo, o la primavera, que es mi estación por excelencia aunque a veces eche de menos el invierno. Pero es inevitable salir con una sonrisa, y regresar con ella. Son inexorables las ganas que dan de olvidarse de que vas por la calle y ponerte a cantar como si estuvieses dentro de la música. Hacer un poco el idiota, pasarte la tarde recorriendo la ciudad intentando perderte por aquellos sitios que aun no te han visto. Perderte entre el calor y la brisa. Perderte nada más.
Y hoy además, he decidido salir un poco antes y aprovechar la tarde. Y creedme... ha sido una dura batalla. Normalmente, cuando voy con tiempo, o hacen días tan maravillosos como el de hoy, suelo cambiar mi trayecto y atravesar Santo Domingo.
Los niños corriendo, la gente, los bancos llenos, de gente que como yo, es posible que no resistiese la tentación de sentarse, contemplar al resto un rato y respirar profundamente, sacar un libro, ponerse los cascos y sumergirse en una historia en medio del espectáculo de la primavera. Sin más.
Y sí, al final he llegado a casa, la música se apaga con el sol, enciendo la luz y cierro la puerta. Y Vuelve a ser invierno, me pierdo entre los folios y recuerdo el calor de la tarde como si simplemente hubiese sido un sueño.
Los días ahora son de otra forma, pero sin embargo, la rutina es la misma. Vuelven a caer discretamente como granos de arena, y sin darnos cuenta el mes de abril que acaba de empezar, desaparecerá con la misma rapidez que lo hicieron los anteriores. Y el tiempo... el tiempo se nos escapará de entre las manos imperecederamente.
.

lunes, 4 de abril de 2011

Our time is running out


Es posible que esta noche el sueño no se atreva a entrar en mi habitación, que estas cuatro paredes me miren apenadas, se estrechen y me acojan como si de una eterna noche se tratase.
Y en la calle haga frío, las hojas se arremolinen en la esquinas, el gris inunde el cielo y los cristales de mi ventana silben con el aire. Lo espero.
El invierno casi se ha ido sin avisar y ahora me doy cuenta de que en realidad para mi no se ha ido, lo echo de menos fuera, pero en mi interior sigue haciendo frío, sigue diluviando y siguen revueltos los mares.
La gente que me mira me ve en primavera, los rayos del sol se desdibujan en mis pupilas y brillan como si todo ese invierno con sus tormentas estuviese detrás de un cristal opaco a través del que nadie es capaz de mirar. Quizás no se atreven, o quizás es imposible dilucidar que se esconde tras ellos.
En un inciso, de ese invierno, solo soy capaz de vislumbrar un callejón, el mismo callejón gris de hace más o menos un año, donde las dudas eran el foco de mi vida y los interrogantes mis únicos transeúntes. Pero lo cierto es que parece más viejo, derrotado. Como si hubiesen pasado años desde aquel día que me dejé caer. Pateando charcos y viejas raspas colgando de la basura. Como un vagabundo.
Siempre que acabo regresando a lugares como éstos, que surgieron a raíz de mi necesidad de huir de todo, siento una nostalgia sobrecogedora. En todos esos lugares ya no hay luz, como si estuviesen agotados. Cumpliendo su función de haberme rescatado y ahora siendo completamente inútiles. Y como si un año se hubiese estirado hasta la eternidad.
Es confuso. Es demasiado... diferente. Todo. Todo ha cambiado, se ha quedado atrás.
Incluso yo. El problema es que mientras todo cambia a mi alrededor yo sigo buscando inútilmente todos esos lugares. Intentando quedarme atrás con ellos y no avanzar nunca hasta llegar hasta aquí. Huyendo de la realidad del presente, rebuscando entre los restos del pasado donde todavía mi alma me pertenecía.

lunes, 14 de marzo de 2011

Perfect lie: Smile


Aunque la noche había acabado con el alcohol, ellos seguían riendo y cantando alrededor del fuego, todos. Fugaces, felices, dichosos y rebosantes de vida. El tiempo era único y los instantes llenaban cada minuto, cada momento. La fogata chisporroteaba y más que calor aportaba luz. La noche se cernía sobre ellos y la luna no era suficiente para que pudiesen mirarse a los ojos con nitidez.
Además escogieron la playa para reunirse, estaban completamente solos y no había nada que pudiese perturbar su celebración. Los cinco han estado unidos más de media vida y a pesar del tiempo ahí seguían dando gritos y tumbos sobre la arena. Se habían escapado ese fin de semana y brindaban por todo aquello que habían superado juntos, pero sobretodo por todo lo que les quedaba por compartir, que más podían pedir..
Sin embargo, a altas horas de la noche, la risas y los cantos se fueron apagando y el sueño empezó a tenderlos alrededor del fuego. Pero no a ella. Cris estaba sentada con las rodillas plegadas sobre si misma simplemente contemplando el vaivén de las olas, llevaba ya un rato un tanto distraída y se preguntaba si de verdad estaba siendo sincera consigo misma. Porque para el resto del mundo sonreír implica por defecto felicidad, las apariencias engañan, lo más precioso puede esconder el veneno. Cristina había reído sin parar, como los demás, pero ¿quién dijo que su sonrisa tuviese que ser necesariamente una verdad indefectible? ¿Una fachada perfecta? ¿De verdad el rostro es siempre la fiel imagen del alma?
La respuesta claramente es no. Y son las mentiras más tristes y más bien guardadas de la historia. Se conocían hacía infinidad de años pero lo que va por dentro es un misterio hasta para la propia persona.
Los días habían hecho mella en sus pensamientos, es cierto que hacía tiempo que nunca terminaba de sentirse bien, pero las circunstancias habían rasgado algunas de sus inseguridades y era inevitable evadir sus propias ideas.
Estuvo un buen rato viendo su reflejo en el mar, disfrutando del olor y de la brisa, era sin duda uno de sus lugares por excelencia para respirar aire fresco, para relajarse y volver a la realidad un poco más fuerte que la última vez.
El sol comenzaba a dar muestras de amanecer, casi no había advertido el tiempo que llevaba en la misma postura. El tiempo se había evaporado, su cuerpo estaba agarrotado y sus párpados pesaban.
Antes de que los demás despertaran para emprender la vuelta, se echó sobre la arena y al cerrar los ojos todo se oscureció y dejó los pensamientos a un lado.
El traqueteo del furgón la hizo despertar. La miraban un tanto extrañados y enseguida comenzaron a bromear sobre sus ojeras. Ni se molestaron en despertarla, daba muestras de cansancio y la subieron en volandas para que siguiese descansando un rato más antes de llegar.
Después de quitarse la arena del cuerpo y del pelo, se echó sobre la cama, notando todavía el movimiento de las olas sobre su espalda, y se dejó inundar por la música que se desprendía del portátil.
Y sonreía y cantaba, pero ahora de verdad, lo demás se quedo en la orilla y se apagó junto a la hoguera.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Another way of seeing life

Inexorablemente esta canción suena en mi cabeza, una y otra vez. Cuando algo nos cala tan fulminantemente, cuando es una canción, los días pasan como un fotograma, aunque las fotos se tiñan de gris, incluso es fascinante. Porque que una canción revolotee p
or tu mente, lenta, pausada, como las gotas de un grifo mal cerrado, es a veces la única forma de dejarse llevar entre el tiempo, de olvidarse del resto, de pasar entre la gente como si fueran siluetas de cartón, de caminar a unos metros sobre el suelo. Elevarse.
Es una sensación, más que de alivio, de liberación, dejar todo el peso acumulado en el suelo, y caminar sobre él. Es caminar por la playa sin pisar la arena, y rozar la espuma de las olas con la punta de los dedos. Es visitar el horizonte, y perder la orientación. Es una sensación de calma, de tranquilidad, de paz.
La música nos eleva a lugares que solo nosotros somos capaces de concebir, pero no solo el oído es capaz de transmitirnos la belleza del exterior.
¿Y sino pudiésemos admirar la magnificencia de aquello que no podemos oír? ¿Te has parado a pensar alguna vez en el poder de unos ojos? Y cuando digo de unos ojos, no hablo precisamente de ojos, sino de miradas. Después de la música, el poder de u
na mirad
a, a mi parecer, es uno de los más devastadores. Tú corazó
n se puede congelar frente a una de ellas, o arder con vehemencia, para los restos. He podido
sentir el frío de unos ojos que queman, he podido sentir todo y nada a la vez, y rendirme ante ellos para evitar cruzármelos a toda costa. A algunos incluso he llegado a temerles sin sentir miedo más que de coincidir en su dirección y no poder apartarme de ellos en una vida entera.
Una mirada, una simple y maltrecha mirada, es capaz de besarte, de decírtelo de todo y de ser ignorada. De sumergirte en la paz y de llevarte a
los mismísimos infiernos. Es capaz de necesitarte y evitarte una y otra vez, durante toda la eternidad.